
Manuelita Pérez
Psícologo Clínico
Muy probablemente estás escuchando mucho últimamente sobre sanar tus heridas emocionales y puede que esto te haga parecer una obligación o un check de la lista de cosas pendientes.
Cuando te dicen o lees en las redes que otros están sanando puedes sentir que es algo que te va a garantizar la felicidad o el bienestar, que debes comenzar ya para estar a la altura o para no quedarte atrás; pero sanar una herida o trauma emocional es un proceso profundamente personal y complejo, no es lineal y no siempre vas a sentir que estás en capacidad para empezar el proceso de sanar de manera consciente y deliberada.
Pero, ¿por qué sentirías que no estás lista para comenzar algo que te va a hacer bien?
- Porque sanar también duele y no siempre te vas a sentir lista para hacerle
frente a ese dolor. Muchas personas llegan al consultorio pidiendo sanar rápido un trauma emocional, y parte esencial del proceso psicoterapéutico es preparar el terreno con una fase de preparación y estabilización, donde se busca crear hábitos, estrategias y habilidades emocionales, así como recursos que le permitan tolerar el dolor que va a producir adentrarse a mirar aquello que duele. No puedes entrar a este camino sin herramientas y acompañamiento.
No considerar esto, conlleva a que muchas personas abandonen el proceso
psicoterapéutico y cree una mayor resistencia ante la posibilidad de iniciar el proceso de sanar un trauma emocional. Conocen y saben tolerar el dolor de la herida y desde allí han aprendido a sobrevivir y sostenerse, ésa es la defensa a un dolor más profundo que aún se anticipa como intolerable. - Porque sanar requiere tiempo, compromiso y paciencia y no siempre vas a sentir que tienes esas condiciones. Además, parte de las mismas defensas para protegerte del dolor ha sido postergar o incluso no reconocer tus propias necesidades, sacrificarte o dejarte de última en la lista y en esas circunstancias, es bastante posible que procrastines el camino hacia tu propio bienestar.
Si estás atravesando una crisis puntual es posible que sea necesario enfocarse inicialmente en atenderla, recuperarte, estabilizar tus recursos emocionales para luego profundizar en otros patrones y heridas emocionales.
Pero, por supuesto que esto ya significa un primer paso de reconocimiento, es muy posible que durante la crisis identifiques ciertos patrones que han generado o contribuido a la situación que estás atravesando y a partir de allí se puede profundizar luego en ellos. Esto significa que no todo se puede hacer en un mismo momento y que sanar no es un proceso lineal, implica etapas y aproximaciones dependiendo de las situaciones o experiencias de vida que estés atravesando.
- Porque sanar no es sólo que la herida deje de doler, sino que implica una
transformación profunda y el cambio asusta, incluso a veces más que el dolor conocido. Es más común de lo que imaginamos que los pacientes lleguen a la consulta expresando con desesperación: “Quiero que me deje de doler”, “Ya no me quiero sentir así” pero en el fondo muchos tienen la fantasía de que deje de doler sin que tengan que cambiar, y eso no es posible. El proceso de sanar una herida como un acto de resiliencia implica una transformación de lo que se era, no puedes seguir siendo el mismo después de sanar, ni puedes seguir vinculándote de la misma manera o manteniendo los mismos vínculos, ni repitiendo los mismos patrones. Ahí entra el acto de responsabilidad que requiere el proceso de sanar, poder asumir que el bienestar ahora depende de la propia responsabilidad, que podemos entender quiénes y desde dónde nos hirieron, pero eso no justifica lo que pasó, pero tampoco determina que el otro deba hacerse cargo. Al final de cuentas, sanar es un acto de compromiso, reparación y responsabilidad afectiva.
Si todo esto te suena familiar, es posible que una parte de ti esté aún resistiendo la posibilidad de mirar de frente tu dolor, porque siente que evitarlo, negarlo o resignarte es la única protección posible.
Ahora, ¿cómo saber si estás lista para comenzar a sanar?
- Hacerte esta pregunta, es una gran señal de que una parte de ti está
empezando a cuestionarse y reconocer que hay un dolor que ya necesita de tu atención de una forma saludable y compasiva. - Sientes malestar o incomodidad constante en tu situación actual, empiezas a pensar que no puedes seguir sosteniendo lo que duele, te sientes cada vez con menos resistencia ante la situación.
- Tus emociones empiezan a aflorar con más fuerza e intensidad, te permites sentir, aunque sea en silencio o tímidamente, emociones que antes ni siquiera te permitías nombrar.
- Empiezas a cuestionar tus reacciones y patrones y buscas entenderte,
empiezan a resonar en ti preguntas como: ¿Por qué me siento así?, ¿Por qué me está pasando esto de nuevo?. - Empiezas a desear o a fantasear con cambiar, con la posibilidad de sentirte, vincularte, estar, hacer las cosas desde un lugar diferente. Incluso aunque no sepas muy bien cómo hacerlo, ya es una señal.
- Empiezas a reconocer la necesidad de buscar ayuda a través de amigos, grupos, internet, libros o ayuda profesional. Esa exploración ya es una forma de revisar qué ruta o camino puedes tomar para hacer tu proceso de sanación y una señal de que puedes comenzar a confiar en que sanar, es posible.
Si has llegado hasta acá, es posible que una parte de ti se esté empezando a
cuestionar si realmente el sufrimiento es lo único que vas a poder experimentar, o que sólo el tiempo o alejarte de todo y de todos, es lo que te va a ayudar a sanar. Y es en ese cuestionamiento donde la esperanza encuentra una hendija (aunque sea mínima), para empezar a mostrarte o recordarte que sanar es posible, que requiere de ti y que es el viaje más grande y profundo que podrás realizar en toda tu vida.
En Consaludemocional contamos con un Equipo de profesionales con una alta
trayectoria en la atención psicológica y acompañamiento de procesos de recuperación de trauma y heridas emocionales. Haz clic acá, para contactar con nuestras especialistas y programes una sesión.



