
Manuelita Pérez
Psícologo Clínico
La calma es uno de los grandes estados anhelados por las personas que me han consultado en estos años de práctica clínica y también por mí misma. Calma entendida como paz y tranquilidad.
He escuchado un sinfín de veces “Yo lo que quiero es paz y tranquilidad”, por eso viene como un deseo, una búsqueda que impulsa tantas veces a solicitar la ayuda de un terapeuta en medio de la tormenta y en muchísimos otros casos cuando ya la tormenta ha pasado, pero aún así no se siente la tan deseada calma.
Tenemos bien arraigado en nuestras creencias el famoso refrán popular anónimo “Después de la tormenta, viene la calma”. Es casi inevitable pensar en él o que alguien nos lo recuerde cuando estamos pasando por un momento difícil para darnos esperanza de que las situaciones graves pasan y luego viene la tranquilidad.
Pero, ¿qué tan cierto es esto en el trauma relacional?.
Si revisamos el origen del refrán, éste se refiere a condiciones climáticas en las que los marineros, pescadores y agricultores observaban que luego de los vientos fuertes y la lluvia intensa, el clima siempre se estabiliza. Ahora, si indagamos sobre el significado de la palabra Calma en la Real Academia Española (RAE) su primera definición es: “1. f. Estado de la atmósfera cuando no hay viento”, también tiene los significados de “3. f. Cesación o suspensión de algo y 4. f. Paz y tranquilidad”.
Ahora bien, ¿Qué ocurre cuando llevamos este refrán al ámbito de las situaciones emocionales y de las experiencias traumáticas?, ¿Realmente viene la calma después de haber atravesado una vivencia profundamente dolorosa o devastadora?.
Cuando se vive una experiencia traumática en forma de evento único de máxima intensidad y peligro o de la repetición de situaciones que sobrepasan la capacidad de afrontamiento de una persona, no es tan fácil delimitar el fin de la situación. El dolor no termina cuando ya pasó la amenaza o cuando no hay más golpes, gritos, humillaciones, invalidaciones o abusos.
Y es aquí donde el refrán nos sirve de impulso durante la tormenta, pero después de ella la calma no siempre llega tan fácilmente, sino que se construye y se puede recuperar la seguridad interna en relaciones sanas y procesos psicoterapéuticos seguros. En algunos casos, incluso cuando se alcanza la calma no se siente tan cómoda como se esperaba y hay que aprender a habitarla.
¿Y por qué cuesta tanto llegar a la calma después de la tormenta?
A diferencia de un evento traumático único, el trauma relacional no ocurre en un solo momento terrible, sino a través de un sinfín de eventos o momentos pequeños que van moldeando la forma cómo te sientes y te relacionas contigo mismo, el mundo y los demás. Pero lo particularmente complejo es que muy probablemente debido a esta misma acumulación de momentos no puedas identificar el “momento exacto” o el “ antes y después” de eso que te dañó o hirió.
Esa falta de delimitación temporal e incluso de poder nombrar pequeños eventos acumulados o la ausencia de aquello que necesitabas, hace más difícil que puedas incluso reconocer que lo que viviste haya sido traumático por lo que tiende a filtrarse en muchos o todos los ámbitos de tu vida haciendo que sea muy difícil alcanzar o experimentar la calma.
Por otro lado, para poder atravesar la tormenta tu mente tuvo que echar mano de algunos recursos como mantenerte en alerta, anticipar posibles peligros y por supuesto eso implica desconfiar y mantenerte en un estado de hipervigilancia.
Este arsenal de recursos te ayudó a sostenerte aún en situaciones que quizás vistas de la lógica parecían insuperables pero luego de la tormenta se tomaron muy en serio su función de evitar a toda costa el volver a experimentar ese dolor.
Por eso cuando la calma llega, entendida en primer momento como cese del peligro inminente o de la situación dolorosa, no siempre es posible habitarla porque eso implicaría bajar la guardia y ponerse en peligro.
Entonces, es esperable en el trauma relacional sentir miedo a la calma porque cuando llega tu sistema nervioso puede interpretarla como un peligro o una trampa.
¿Esto significa que no es posible alcanzar la calma después de la tormenta?
Incluso cuando estos mecanismos están tan bien desarrollados para protegerte si es posible alcanzar y construir la calma. Pero es necesario aclarar que no va a venir sólo como consecuencia natural del cese del peligro, esto es una parte evidentemente crucial pero luego de eso la construcción y experimentación de la calma es un camino que atravesar a través de:
- Vínculos seguros: Sólo es posible sanar el impacto o lesión causado en vínculos inseguros o dañinos en relaciones seguras y de respeto.
- Experiencias nuevas: Tu mente necesita actualizar, aprender a registrar y leer las señales de los vínculos actuales así como responder desde nuevos lugares, para eso necesita vivir y repetir experiencias que le permitan crear nuevas asociaciones y experiencias. Eso no significa que no van a haber decepciones o nuevas heridas si no que lo podrás identificar, te podrás proteger con tus nuevos recursos y aprenderás a diferenciar qué es amenaza y qué no.
- Espacios psicoterapéuticos seguros: El vínculo terapéutico en si mismo es un espacio de reparación y actualización. Sin embargo, en el caso del trauma relacional es importante que busques atención con un Especialista informado o sensible al trauma que puede acompañarte en tu proceso de forma ética, responsable y segura.
En Consaludemocional contamos con un equipo de especialistas informados en trauma relacional que están dispuestos para atenderte con capacitación, ética y empatía. Para programar una sesión psicológica haz clic acá.



